El distrito de Barranco para mi tiene un significado especial, mi familia por la línea materna vive desde hace mas de un siglo en este distrito y yo pase los primeros años de mi vida en este pintoresco balneario del sur de la capital.
Hay costumbres que no he cambiado y no cambiare por algo son costumbres, como la de ir en una tarde de diciembre a sentarme y ver el atardecer en el parque municipal de Barranco (días antes de las fiestas navideñas), y poder percibir ese ambiente de tranquilidad, mientras transcurre lentamente el tiempo, costumbre creo yo que evoca a mi memoria los años de infancia feliz que pase en ese lugar.
En esta semana en que el clima limeño ha sido inclemente con tanta llovizna que lo único que nos deja es el auto lleno de barro; el “gringo” nos sorprendió con una salida inusual en pleno agosto; desde muy temprano hizo su aparición en el cielo limeño; y me imagino que a mas de uno se nos cambio el animo. Esta inusual aparición del astro rey en pleno invierno, despertó otra costumbre que tengo, que es la de comer un buen plato de ceviche solo cuando hay sol, antes de las 2 de la tarde y en un lugar cercano al mar…. Muchas condiciones para un cevichito, pero lo dije antes costumbres son costumbres.
Dadas las condiciones climáticas que la semana pasada se dieron en esta ciudad, y que hacían que el 80% del condicionante para comer un ceviche se diera, el día que salio el sol, decidí que era propicio hacer una incursión a un buen lugar donde poder deleitar mi paladar con este magnifico plato, de simple elaboración pero digno de banquetes imperiales.
Hace un par de años atrás mi amigo Augusto Núñez me invito a saborear algunos frutos del mar a un lugar bullicioso y jaranero, pero de buen trato y lo mejor buena sazón. Recordé que hacia mucho que no volvía a visitar este lugar entre la frontera distrital de Barranco y Surco, así que me aventure nuevamente a visitar este lugar convocando a 2 expertos en la materia de masticar bien y que han decidido acompañarme en muchas de estas aventurillas gastronomicas: Paul Rojas y Carlitos Cabral.
Jueves 13.00 hrs., buen sol, mucho hambre buena conversación eran el preámbulo, en el camino fui describiendo el ambiente y la zona, y ellos trataban de hacer odiosas comparaciones. Aterrizamos en el taxi a golpe de las 13.20. Yo realmente estaba sorprendido con el avance y sofisticado cambio que había realizado nuestro “Huarique” de turno, bautizado por sus dueños como la “Onceava” (ó Doceava despues les cuento porque), una atención de primera (realmente el mozo se pulió), la carta bastante original e innovadora un detalle el barman prepara un Sour de maravilla, 100% recomendable, y por lotes con el mismo sabor agradable!!!.
Empezamos nuestra maratón gastronomica con una ronda fría (ceviche de pescado, tiradito al ají amarillo, causa rellena bañada con huancaína y pulpito al olivo) la presentación del plato, simplemente Original. Acto seguido, seco de mero, con guarnición de arroz blanco y yucas sancochadas……. Acto seguido: Langosta a la plancha sobre un timbal de mariscos y como corolario arroz con pato a la chiclayana.
Alguien dijo que la comida se hizo para que los sentidos se deleitaran, y realmente en
Solo una recomendación, para los dueños del local, que se han esmerado en brindar seguridad y confort al comensal, contraten un limpiabotas, o sino indiquen en la carta que la concurrencia se disfrutara mejor con zapatos sport.
