Hace un par de semanas atrás sostuve mi tradicional almuerzo mensual con mi entrañable amigo Paco, y poder así seguir extendiendo nuestra amistad, entre la agradable tertulia, Paco, me hizo saber que a 2 cuadras de mi nuevo centro laboral había un “Huarique” recomendado por el zar de la gastronomía peruana en alguna de sus aventuras semanales, y la especialización de la casa son las costillas de cerdo cocinadas en cilindro (o mejor dicho con la técnica de cocinar con el humo la carne).
A mi, que soy un amante de la comida asada al carbón, definitivamente me causa una sensación de haber conseguido el trabajo perfecto en el lugar perfecto, ya que tenia a unos cuantos pasos un lugar donde poder almorzar las veces que se me antojaran esos majares que a mi mente venían recordando la cocina de mi abuela la que quizás sin saberlo, ahumaba la carne del lomo saltado (por pura casualidad y descontrol de la cocina ) y lo servia como un plato de diario, sin saber en la exquisitez que lo convertía el hecho de cocinarlo a leña y carbón.
En fin después de haber tomado nota del lugar; al día siguiente recorrí 2 veces la calle los Negocios (Surquillo) tratando de encontrar el famoso lugar; sin lograr resultado positivo Ante esta desagradable situación, consulte entre los mas antiguos de la oficina, sobre este paraíso de las carnes, a lo cual me indicaron exactamente donde era el lugar, pero OH!!! Primera gran sorpresa el lugar era un taller de mecánica!!!!. Como lo oyen un taller de mecánica de domingo a jueves y el resto de días cual camaleón se convertía en restaurante de costillas preparadas al cilindro por el mismo Pedrito (que definitivamente también es el maestro mecánico Pedro). Esta situación me hizo interesarme mas por el lugar y ver esa transformación, mas aun me lleno de intriga como eran los detalles de este lugar al cual, al llegar el día viernes acudí a penas pude liberarme de mis tareas laborales,
La segunda gran sorpresa que obtuve, fue ver el lugar revalsando de comensales, todos pugnando por un lugar donde ubicarse como moscas atraídas por el humeante olor que expedían 7 enormes barriles con leña convertida en braza, en los cuales se cocinaba carnes de cerdo, pavo, pollo y pato, confundidas con el plátano asado y lo s camotes hechos al horno. Pude al fin de unos 20 minutos de pugna ubicarme en una mesa para cuatro (a las otras 3 personas nunca en mi vida las había visto), y ahí comenzó mi calvario, a pesar de estar exactamente a
Uno de mis eventuales acompañantes me sugirió levantar la voz y vociferar que me alcanzaran la carta, lo cual seguí al pie de la letra y…. funciono, así que desde ese momento hice mi pedido empleando la técnica de la voz alta de esa manera pude tener mis
Realmente el sabor es bueno en una escala del 1 al 10 yo le pondría un 8, la presentación del plato es muy semejante al de una pollada pro-fondos, ósea no tiene mayor técnica, pero el servicio es pésimo, en la misma escala del 1 al 10 yo la calificaría de 2 ósea rémala.
No voy a hablar de los precios porque considero que el arte culinario no tiene precio y cada uno debe cobrar lo que es justo por su trabajo.
Ahora si del local hablamos, bueno mas esta decirles que si Uds. alguna vez pensaron que la pollada popular se institucionalizaría,
Bueno los dejo, hasta mi próxima incursión y cometario………. Buen provecho!!!
